lunes, 11 de agosto de 2014

Postal de lo cotidiano

Tianguis, una palabra, decenas de recuerdos y cientos de sensaciones; la actividad de asistir a este tipo de lugares para adquirir un artículo y realizar una búsqueda para encontrar el objeto preciso es una tradición y una necesidad milenaria.
Los colores y la diversidad que podemos observar en la típica postal del tianguis me recuerdan la infinidad de cosas que podemos encontrar en los libros: historia, cultura, gastronomía, folklore, gente. Gente que atrapa nuestra atención al igual que el marchante que nos llama resaltando las virtudes de su mercancía, como en las novelas y los cuentos hallamos esos personajes pintorescos con personalidad propia, otros con apariencia y comportamiento sui géneris y algunos más que quedan en el anonimato.
Aquí no hay cacao para realizar la compra, el sonido del dinero es el único que delata el intercambio, la acción de compra venta. Risas, gritos y el regateo, las decenas de voces que retumban en los oídos como lo hacen las palabras en el pensamiento del lector voraz.
 
Esquivar a las personas mientras buscamos lo más barato o esa cosa que  necesitamos, los niños corriendo, comiendo helado, las miradas cruzadas sin decir palabra, los saludos afectuosos al encontrar un conocido, el señor pidiendo limosna, los puestos de siempre y nosotros buscando algo nuevo, las anécdotas interminables, historias que van más allá de las páginas, relatos que cobran vida en las calles.
 
Los olores que inundan el olfato, la fruta, el delicioso aroma de la comida, el gentío que si tiene suerte quedará atrapado entre el papel y la tinta. Lo cotidiano que cada día escribe un nuevo capítulo.

Yazmin Hernández

1 comentario:

  1. Què buena relaciòn entre los libros y el tianguis: espacio donde se buscan y se encuentran cosas.

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