domingo, 28 de septiembre de 2014

De cómo el café se tornó en azul

Cerca del mar Atlántico vivía un padre y su hija. Tenían una vida rural: el padre viajaba muchos kilómetros para comerciar y darle todo (en lo posible) a Coral, su hija; ella lo acompañaba todos los días a la ciudad. Un día, un joven, Nereo, se quedó prendado de su belleza y decidió hacer lo posible para que Coral lo amara. Cerca de su hogar estaba el de la muchacha, e iba a hurtadillas del padre de la joven, quien era muy celoso con su gran tesoro. Una noche, Nereo fue a ver a Coral, quien ya amaba al joven por los actos hechos por ella, pero su padre los descubrió y comenzó la catástrofe: el padre los arrastró hasta la orilla y obligó a ver a Coral cómo su padre golpeaba a Nereo hasta casi dejarlo muerto, después lo levantó y lo aventó al mar, por lo cual murió ahogado. Le dijo a Coral que jamás regresaría a la ciudad y se quedaría en su casa encerrada. Coral lloró. Coral lloraba cada día junto a la orilla, recordando el amor juvenil que murió. Lloró años. Las lágrimas y el color del mar hicieron que poco a poco sus hermosos ojos cafés se descoloraran, hasta que llegaron a tornarse azules, azules como la tumba de su amado.

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