jueves, 18 de diciembre de 2014

Portugal, un convento y unas alas


Tenía entre mis manos un libro marcado por el tiempo, su olor a madera y tinta añejas, sus hojas amarillas y con anotaciones delataban el paso de un par de manos, sus páginas me revelaron  una historia de amor y un hecho histórico del Portugal: la construcción de un convento y una passarola, que aguardaron en el librero por un par de meses hasta que mis manos lo rescataron de ese olvido.

En una Lisboa del siglo XVIII donde el rey Don Juan V manda construir un convento franciscano en Mafra, en agradecimiento por el milagro de que su esposa quedara encinta, daba inicio la historia que había aguardado un nuevo lector. Entre cada hoja me encontré con una parte de otras dos historias: la primera la de Bartolomeu Lourenço, un cura que tiene una afición por volar, recuerdo en particular esa frase “Los hombres son ángeles nacidos sin alas, y eso es lo más bonito nacer sin alas y hacerlas crecer” palabras en voz de un narrador que describe a un precursor de la aeronáutica y a un hombre curioso por la ciencia  y el conocimiento; la segunda el inmenso amor entre Baltasar Sietesoles y Blimunda Sietelunas, él un exsoldado manco quien tiene un gancho por siniestra y ella una mujer humilde con el poder de ver el interior de las personas y predecir el futuro.

“Ningún ser humano puede tener cuanto desea en esta su única vida terrestre, tal vez soñando”, fueron las líneas que quedaron en mi mente al finalizar el libro, pues la historia creada por ese lusitano, dejaba al descubierto  la búsqueda implacable del hombre por crear y asemejarse a Dios, los sueños del ser humano por ser mejor y la curiosidad intelectual, lo que lleva a los personajes a unirse en un proyecto: crear una passarola, forman un trío que emula a la Santísima Trinidad: Bartolomeu será el padre (da las órdenes), Baltasar será el hijo, y Blimunda el Espíritu Santo (ambos son dos en uno). Esta imagen se mantiene hasta el final, ya que Baltasar morirá crucificado como Jesucristo, y Blimunda estará al pie de la cruz, como lo estuvo la Virgen.

El Memorial del convento de José Saramago me reveló un episodio histórico conjugado con la fantasía y apreciar una historia que pone de manifiesto el importante rol de la Iglesia en la monarquía portuguesa del siglo XVIII, además expone los atemporales males humanos: la injusticia, el abuso, los prejuicios, las limitaciones, pero también un relato que demuestra la valía del placer por las cosas cotidianas y las relaciones humanas.
                                                                                                                             Yazmin Hdz.
 

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