Agorácrito- Dime, ¿Cómo es que yo, vendedor de chorizos, voy
a convertirme en un gran hombre?
Demóstenes. –Precisamente por eso vas a llegar a grande.
Porque eres un infeliz, un bajo mercader sinvergüenza , pero atrevido
Agorácrito. –No me creo yo digno de llegar a tanto.
Demóstenes. -¡Malhaya yo! ¿habrá alguno que diga que no eres
tú digno? Me está pareciendo que aún abrigas algún buen principio. ¿Eres de
padres honrados, de gente de buena conducta?
Agorácrito. -¡Por los dioses, no! ¡Soy de los muy abajo!
Demóstenes. ¡Hombre feliz, qué suerte tienes… qué grandes
dotes has alcanzado para este cargo!
Agorácrito. –Pero, buen hombre, ni pizca tengo de
instrucciones, apenas conozco las letras y eso bien que mal.
Demóestenes. –Es tu única falla, que sepas bien que mal.
Pues gobernar al pueblo no es de hombres bien instruidos, ni de buenas
costumbres… ¡Se quiere un ignorante, se quiere un malvado! Por eso no
desprecies lo que te brindan los dioses en sus oráculos.
Agorácrito. -¿Qué dice el tal oráculo?
Demóstenes. –Bien, por los dioses. En términos un tanto
enigmáticos y gariboleados, con alusiones sabihondas, dice: “Cuando el
águila que rasga cueros con garras bien afiladas lleve al gragón que chupa
sangre bien aferrada en su pico, entonces de paflagonios se acabará la salsita.
A los que venden chorizos grande gloria anuncia el cielo,
sólo que ellos no la quieren , para seguirlos vendiendo”.
Agorácrito. -¿Y, eso qué me atañe a mí? Explícalo, por
favor.
Demóstenes. – El águila rasgacueros es el paflagonio que
está allá dentro.
Agorácrito. - ¿Y lo de garras bien afiladas, ¿por qué?
Demóstenes. –Bien las palabras lo dicen: VIENE, AGARRA Y
ARREBATA Y SE LARGA CON SU PRESA.
Agorácrito. –Y ahora, ¿lo del dragón?
Demóstenes. – Es lo más claro que hay. El dragón o serpiente
es largo. También es largo el chorizo. Lleno de sangre el dragón, como también
el chorizo. Yo te lo digo ahora la serpiente draconina va a vencer al águila de
garras afiladas. ¡A no ser que sea engatusador con palabras!
Agorácrito. – Me queda bien el oráculo. Pero estoy admirado
de cómo pudiera yo gobernar un pueblo.
Demóstenes. – Ninguna dificultad. Lo que antes has hecho,
sigue haciendo. Alborota, haz rueda las tripas y revuelve todos los asuntos.
¿Al pueblo? ¡Ese se gana con palabritas azucaradas y con antojitos de cocina! Y
tienes todas las dotes que se requieren para ser un guía de pueblos. Una voz
estridente y retumbante, un nacimiento bajo y modales de callejero: tienes todo
lo que se necesita para ser un regente de la ciudad. Los caballeros, Aristófanes
Este fragmento no tiene ni más ni menos de lo que sucede en la actualidad; ¿se requiere un hombre letrado, instruido para ser el mandatario de un pueblo? Tal parece que no. Hamlet al ser interrogado por la causa de su locura, mientras tocaba el caramillo le respondió al mismo tiempo que le daba el instrumento: "toca el caramillo". su interlocutor sorprendido y confuso le respondió que no sabía tocar el caramillo, Hamlet por el contrario le pedía que tocase una melodía y Hamlet enfurecido le dijo una verdad tan cierta. " Es tan fácil como mentir". Dirigir un pueblo como se mofa Aristófanes es tan fácil porque quien ostenta el mando, es decir, el mandatario, resulta ser un completo ignorante, sin instrucción. Me pregunto si es una constante el ser un Agorácrito, en un lugar que es el ombligo de la Luna, de esta luna que brilla en todo su esplendor pero que es la esperanza de quien anda por la oscuridad perdido, lo guía, sin embargo, el ombligo de la Luna.
Zaihm
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